viernes, 7 de mayo de 2010

Pánico

Un ruido.
Asustada, sigo acostada, sin abrir los ojos.

Otro ruido.
Una gota de sudor desciende desde mi frente, cayéndo por mi nariz.
La puerta de mi cuarto chirría, como siempre que se abre. Una presencia yace en la habitación, lo noto. Tengo miedo. Deseo con todas mis fuerzas que sea una pesadilla, que no sea real. Oigo un susurro que no llego a entender, provocando un escalofrío que recorre mi cuerpo. Estoy asustada, intentando respirar tranquilamente, sin éxito.

Más ruidos.
Parecen lejanos. En mi habitación se postra el más horrible de los silencios. No estoy sola. Hay alguien... o algo. Lo huelo. Lo percibo.

Decido abrir los ojos.
Error.
Lo que veo me sobrecoge. Consigue que me quede petrificada, observando esa sombra indefinida que intenta dar a conocer a su dueño. Una lágrima nace de mis ojos y recorre mi cara. Única reacción humana que consigo.
Intento gritar... No puedo.
Pruebo a moverme, pero mi cuerpo no responde, me siento atada. Ni siquiera pestañear consigo. Mi corazón empieza a acelerarse. La sombra desaparece como por arte de magia, dejando atrás una fría brisa.

A su vez, entra mi hermano por la puerta, corriendo, gritando mi nombre. Dice algo de que me oyó pegar un alarido. ¿Cuándo ocurrió eso? No lo recuerdo.
Lo veo acercarse, pero me es imposible articular palabra. Intenta sacudirme. Al ver que no lo consigue, se hace un ovillo mi lado, desesperado. Le oigo sollozar. La tristeza y el miedo me pueden.
¿Qué está ocurriendo?

Los párpados me pesan, pero no bajan, no se cierran. Me cuesta respirar, algo me lo impide. Empiezo a ver menos. Casi no distingo las figuras. No oigo nada. La oscuridad me absorbe, me invade.
"¡Hermano! ¿Dónde estás?"
No le veo. Ya no veo nada.
"¿Dónde estoy?"
No hay respuesta. De fondo, muy lejos, apagándose, escucho la voz de mi hermano...
"¡Vuelve! ¡Vuelve! Por favor..."

No hay comentarios:

Publicar un comentario