martes, 18 de mayo de 2010

Pesares

En clase.
Un muchacho con mala cara. Una chica a su lado, pensativa, nerviosa.
Ella no sabía qué hacer. Sólo veía que algo no iba bien. Incluso le pareció en algun momento que él la evitaba, tanto al choque de sus miradas como al roce de sus manos. La tristeza se apoderó de la joven. Había perdido las pocas ganas de prestar atención a lo que decía el profesor. Se hizo una bola de sufrimiento interno.

Ambos estaban ahí, ausentes a todo lo que les rodeaba. Dos almas sin vida, cual zombie que camina entre dos mundos. Ella deseaba dejar el mundo real y penetrar en el onírico, sin necesidad de despertar. Él se notaba cansado, rayándose por sus propios problemas. Intentaba distraerse con otras cosas, sin conseguirlo.
Sus ojos ya no tenían esa usual jovialidad y su boca ya no luchaba por curvarse alegremente. Había olvidado cómo hacerlo. La chica intuía que, con esfuerzo, podría sacarlo de ese estado. Pero no sentía la fuerza necesaria para darlo todo esa vez. No en ese momento. Y menos aun con él rechazando su ayuda.

Fin de la clase.
Ambos se levantaron. Apenas se miraban de reojo mientas recogían sus cosas. Al salir por la puerta se detuvieron, como siempre. ¡Menudas caras llevaban! Ella titubeó. Ambos intentaban disimular, pues estaban con el resto del grupo. No pudo evitarlo, se abrazó al chico. No le quería dejar marchar. Al poco, él la apartó suavemente, diciendo que se iba y dándole un breve beso. Pero era diferente al de todos los días. Se notó frío, sin sabor, sin ternura. Él se dio media vuelta e inició su partida. Ella giró su cabeza en dirección contraria, no quería que viera la lágrima que recorría su mejilla.

viernes, 7 de mayo de 2010

Pánico

Un ruido.
Asustada, sigo acostada, sin abrir los ojos.

Otro ruido.
Una gota de sudor desciende desde mi frente, cayéndo por mi nariz.
La puerta de mi cuarto chirría, como siempre que se abre. Una presencia yace en la habitación, lo noto. Tengo miedo. Deseo con todas mis fuerzas que sea una pesadilla, que no sea real. Oigo un susurro que no llego a entender, provocando un escalofrío que recorre mi cuerpo. Estoy asustada, intentando respirar tranquilamente, sin éxito.

Más ruidos.
Parecen lejanos. En mi habitación se postra el más horrible de los silencios. No estoy sola. Hay alguien... o algo. Lo huelo. Lo percibo.

Decido abrir los ojos.
Error.
Lo que veo me sobrecoge. Consigue que me quede petrificada, observando esa sombra indefinida que intenta dar a conocer a su dueño. Una lágrima nace de mis ojos y recorre mi cara. Única reacción humana que consigo.
Intento gritar... No puedo.
Pruebo a moverme, pero mi cuerpo no responde, me siento atada. Ni siquiera pestañear consigo. Mi corazón empieza a acelerarse. La sombra desaparece como por arte de magia, dejando atrás una fría brisa.

A su vez, entra mi hermano por la puerta, corriendo, gritando mi nombre. Dice algo de que me oyó pegar un alarido. ¿Cuándo ocurrió eso? No lo recuerdo.
Lo veo acercarse, pero me es imposible articular palabra. Intenta sacudirme. Al ver que no lo consigue, se hace un ovillo mi lado, desesperado. Le oigo sollozar. La tristeza y el miedo me pueden.
¿Qué está ocurriendo?

Los párpados me pesan, pero no bajan, no se cierran. Me cuesta respirar, algo me lo impide. Empiezo a ver menos. Casi no distingo las figuras. No oigo nada. La oscuridad me absorbe, me invade.
"¡Hermano! ¿Dónde estás?"
No le veo. Ya no veo nada.
"¿Dónde estoy?"
No hay respuesta. De fondo, muy lejos, apagándose, escucho la voz de mi hermano...
"¡Vuelve! ¡Vuelve! Por favor..."